Secretos de Shavuot: El significado de 50 y por qué Shavuot no tiene fecha.

30/May/2017

Aish Latino, por Rav Daniel Baron

Secretos de Shavuot: El significado de 50 y por qué Shavuot no tiene fecha.

Toda fiesta judía cae en un día específico
del mes, con una excepción: Shavuot, el día en el que aceptamos la Torá.
Shavuot es siempre el cincuentavo día después del comienzo de Pésaj. Bajo el
calendario judío esencial en el que la corte rabínica determinó el comienzo de
un mes a través de testigos que vieron la luna nueva, podía técnicamente caer
en cualquiera de tres fechas dado que el número de días en el mes judío puede
variar de año a año. El nombre Shavuot alude a su independencia del calendario
estándar. El nombre significa «semanas», demostrando cómo la fiesta
marca la culminación de siete semanas más allá de la fecha. ¿Cuál es la esencia
de este día sin fecha? Hay pistas para la respuesta en el proceso que lleva a
Shavuot, el libro que leemos en Shavuot, y en el número 50 en sí mismo.
Metamorfosis
La clave para entender la fiesta de Shavuot
yace dentro del proceso que lleva a ella. Comenzamos contando los días desde el
éxodo de Egipto, nuestro nacimiento como pueblo, y continuamos hasta Shavuot,
el cincuentavo día. Esa cuenta marca un período de metamorfosis nacional. El
pueblo judío estaba tan consolidado en Egipto que la Torá describe al éxodo
como la extracción de una nación de en medio de otra. Como un niño recién
nacido, estábamos en nuestra infancia espiritual y en sólo 50 días alcanzamos
la elevada estatura que nos permitió recibir la Torá. Nuestra cuenta comienza
con un simple sacrificio de cebada, comida considerada como forraje para
animales. Culmina con un sacrificio especial del pan más fino, (comida humana),
significando nuestro arribo nacional a un nuevo nivel de existencia.
La evolución de un pueblo joven a una
nación madura es reflejada también en la historia de Rut, que leemos en Shavuot.
Rut fue una princesa moabita que se casó con un judío. Cuando su marido murió,
Rut, siendo todavía joven, pudo fácilmente retornar a su pueblo y ser una
celebridad en el trono real. En cambio, ella se aferró tenazmente a Naomi, su
suegra judía, y estaba determinada a convertirse y a abrazar el judaísmo a
pesar de todos los intentos por disuadirla. Ella se unió a la nación judía sin
un centavo, con sólo su suegra como amiga. Pero aún así, su auto sacrificio y
su cualidad fue advertida por un terrateniente adinerado y juez prominente
llamado Boaz, de cuyo campo ella recolectaba el grano sobrante para ella y para
Naomi. Eventualmente, él se casó con ella, y esa relación dio nacimiento al
retoño de la monarquía judía, el Rey David finalmente descendió de ella.
Nuestra tradición enseña que el Mesías, el futuro rey del pueblo judío, vendrá
de esa línea también. Como que David nació en Shavuot, leemos la historia de su
antepasado en ese día.
La ironía del origen de la familia real
judía es extraordinaria. Moab fue la más baja de las naciones, conocida por su
crueldad, especialmente hacia los judíos, y por su promiscuidad abierta. El
propio ancestro de Moab fue de una naturaleza cuestionable. No sólo vino de una
relación incestuosa entre Lot y su hija, quien emborrachó a su padre con un
propósito específico en mente, sino que el nombre mismo de la nación anuncia el
acto. Esa hija llamó a su descendencia «Moab», que literalmente
significa «de mi padre». E igualmente David vino de la familia de esa
princesa moabita que, al menos en los papeles, representaba todo lo que Moab
defendió.
Rut, su renacimiento como judía, y la
transformación que dio origen al Rey David, nacieron en Shavuot. Y esto se
asemeja a nuestra marcha nacional desde Pésaj hasta Shavuot: comenzamos desde
el más bajo de los niveles de la misma manera en que Rut lo hizo, y trabajamos
nuestro camino hacia arriba hasta el punto en el que podemos recibir la Torá.
El Significado de Cincuenta
Mirando profundamente, podemos encontrar
este mismo tema reflejado en nuestra cuenta hacia Shavuot, y la identidad del
día como el cincuentavo día de la cuenta. El secreto yace en el número 50 en
si. De acuerdo a la tradición judía, el mundo natural está basado en sistemas
de siete. En el tiempo, hay siete días en la semana. En el espacio, un punto
central puede ser expandido en seis direcciones opuestas: derecha e izquierda,
arriba y abajo, adelante y atrás, siendo el punto en si mismo el tema central
alrededor del cual todo está situado. La palabra sheva, siete, tiene los mismos
caracteres que la palabra savea, que significa saciado, indicando la esfera que
representa la expansión total de las posibilidades.
Cincuenta simboliza la habilidad de
trascender todos los detalles y entrar en una esfera superior.
De esta manera, todo lo que está más allá
de siete representa un mundo que trasciende a la naturaleza, una esfera
superior. La palabra para ocho, shmone, viene de la palabra shamén, gordo,
indicando algo que va más allá de sus propias fronteras. Un brit, circuncisión
que marca la entrada al convenio con Dios, por lo tanto, toma lugar en el
octavo día, un día que va más allá de todos los asuntos mundanos y conecta lo
humano con lo Divino.
Para llevar este tema al siguiente nivel,
(la expansión más completa de la esfera de la naturaleza), debemos multiplicar
siete por siete. El resultado es 49. Ir uno más allá nos deja en 50, que
simboliza la habilidad para trascender todos los detalles y entrar en una
esfera nueva y más elevada. ¿Pero cómo es que el nivel 50 se relaciona con la
marcha de una nación de la infancia a la madurez? ¿Qué conexión hay entre el
renacimiento de Rut desde el ultra degenerado Moab a la madre de la realeza
judía? La clave para entender el significado del nivel 50 yace dentro de una
historia bíblica sobre nuestro patriarca Iaacov.
Cuenta judía
Camino hacia Israel, Iaacov se encontró con
su hermano, Esav, quien estaba viniendo para «saludarlo» con un
ejército de 400 soldados. Considerando la resolución previa de Esav de matar a
Iaacov, Iaacov rezó, preparado para la guerra, y también envió olas de regalos
para tranquilizar a su hermano. Al principio Esav se rehusó a la generosidad, y
respondió con: «Yesh li rav» (tengo muchas cosas). De todos modos,
Iaacov insistió y respondió con: «Yesh li kol» (lo tengo todo).
Iaacov lo persuadió, y Esav aceptó todos los regalos.
¿De qué se trató el diálogo en realidad?
¿Cómo fue que el hecho de que Iaacov poseía «todo» determinó que Esav
aceptara los regalos al final?
Iaacov se rehusó a todo lo que poseía en
vistas de un todo más grande, una unidad trascendente.
Las protestas iniciales de Esav fluyeron al
expresar que tenía «mucho». De hecho, Esav representa un mundo basado
en multitudes, en mucho y en cantidad. Cuando la familia de Esav es enumerada
como solamente unas pocas personas, la Torá se refiere a ellos como nefashot,
almas, en plural. En contraste, cuando la familia de Iaacov sumó 70, la Torá
los llamó néfesh, alma, en singular. El poder de Iaacov y el significado de
tener «todo» no es que Iaacov simplemente tenía una fortuna, sino
que, había unificación en todo lo que poseía, y cada unidad individual que
tenía se fusionaba en un todo más grande, una unidad trascendente. Iaacov
verdaderamente lo tenía todo, y el regalo era apropiado para Esav, para quien
la cantidad era siempre una cosa buena.
En nuestra cuenta hacia Shavuot, buscamos
alcanzar el nivel de Iaacov. Contamos 49 días, representando el mundo de Esav,
el plano de multitud en la expansión completa del número siete, representando
la naturaleza. Alcanzamos el máximo en un mundo de cantidad. No es sorprendente
que la guematria de Moab, la nación previa de Rut, es 49, representando el
mundo físico, el hecho de acumular cantidades. Y nosotros vamos un paso más
allá, y alcanzamos el 50, representado por el kol descripto como poseído por
Iaacov. El valor numérico de kol es 50. Nuestro kol nos permite ir más allá de
los detalles y fusionarlos en una sola unidad, trascender el mundo de la
cantidad y alcanzar un todo unificado. Es ese nivel elevado el que nos trae
desde la infancia, desde nuestro estatus de recién nacidos, a la madurez, y
transforma cada experiencia que tenemos en una sola cosa. Nos permite venir
desde las profundidades más hondas, para que la línea davídica provenga de los
orígenes más humildes y alcance los lugares más elevados.
Recibimos la Torá en el día 50, no en una
fecha del calendario. Es el producto de nuestra cuenta a través de todos los
niveles naturales, y alcanzamos la trascendencia, hasta el punto en el que no
incluimos el día 50 dentro de la cuenta – una fecha que no es cuantificable. En
cambio, llegamos a él. En ese día, nos paramos bajo el Monte Sinaí como una
sola persona, con un solo corazón. No éramos millones, sino simplemente uno. De
forma paralela, la Torá habla de cada aspecto de la vida y provee guía para
cada situación concebible. La Torá unifica cada detalle, fusiona cada
componente dispar. Es el kol máximo. Nos permite tomar nuestras experiencias
más básicas y nuestros humildes orígenes y unirlos para una causa mayor.
Hasta este día, el poder sobrevive. A
través del proceso de Shavuot y los días que llevaron a él, podemos trascender
nuestro pasado, y unificar todos los detalles de nuestra experiencia previa
para alcanzar el punto en el que trascendemos lo que éramos y nos convertimos
en algo más grandioso.